José Miguel Toro
Un Regalito para mis amigos!!!
Era la mañana de un día feriado, la tranquilidad y el silencio ambiental, invadían el jardín de casa, produciendo un placer inexplicable. Era una de esas mañanas dónde la brisa me acariciaba suavemente el rostro, al tiempo que tomaba unos mates, pero también, me estaba dando pistas de que el sol haría trepar el mercurio a los 30 y pico.
Mientras miraba al limonero que dejaba escapar su aroma mediante las múltiples florcitas que armonizan sus colores, con los primeros frutos y un grupo de movedizos zorzales que custodiaba un pequeño nido construido entre sus ramas, a la vez, nerviosos picoteaban el suelo baldosado, sembrado de múltiples migas de pan. Y con esa armónica escenografía, el ambiente me invitó a pensar en una fantasía, la misma consistía en un diálogo poco común, poco común por la temática y por los actores involucrados. En ella se me ocurrió la siguiente cuestión, producto de una realidad que me ocupa y es casi contradictoria, entre lo que estaba viendo y lo que estoy experimentando día a día. Entonces interrogué a lo alto:
Miguel: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?
¿Qué tiene ese ser diminuto y traicionero para que estés pendiente de él?
¿Dime cuántos conoces que valga la pena ocuparse de ellos?
Dios: Todos.
Miguel: ¿Cómo todos? Si todos los que yo conozco son iguales, traicioneros, mentirosos y falsos.
Dios: Eso es porque tus ojos no ven.
Miguel: ¿Cómo que no ven? Si te contara las experiencias que tuve, verás que son todos bastante parecidos.
Dios: Sigo pensando que no ves. Que tu mirada solo ve una parte, y una parte bastante pequeña, casi insignificante.
Miguel: ¿Porqué me decís eso? Yo a mis 50 mayos, he podido conocer a muchos y la gran mayoría, algún interés tienen.
Dios: Es verdad. En eso no te equivocas, pero sucede que lo hacen porque vos solo estás en condiciones de ofrecer algo muy pequeño y que a ellos momentáneamente les sirve.
Miguel: ¿Cómo que momentáneamente?
Dios: Claro. ¿Vos a qué te dedicas? Laboralmente hablando.
Miguel: Yo me dedico a dos cosas, a enseñar, soy un profesor y también soy bancario, atiendo a proveedores.
Dios: Entonces allí tienes la respuesta. Solo podes ofrecer una parte muy pequeña a los que te rodean y además, no son muchos.
Miguel: ¿Y con eso qué? ¿Qué me quieres decir?
Dios: Que lo que los hombres buscan es mucho más que lo que vos podes ofrecer. Seguro que necesitan lo que vos podes ofrecer, pero también necesitan mucho más, pero mucho más.
Miguel: ¿Más? ¿Como qué? Si para muestra basta un botón. Si uno es falso en lo poco, lo es en lo mucho. Si uno es mentiroso, también.
Dios: Necesitan ser felices, necesitan realizarse como personas.
Miguel: ¿Y qué? ¿Aprobar una materia no los hace felices o realizarse? Que atienda bien a un proveedor. ¿No lo hace realizarse?
Dios: En principio sí, pero no olvides que cada vez que gana independiente tienes un momento de alegría, pero eso no es ser feliz. Es solo un momento.
Miguel: Es verdad, porque la semana siguiente volvemos a perder. Si, pensándolo bien, la felicidad no es para siempre.
Dios: ¿Cómo que no es para siempre?
Miguel: ¿No me dijiste recién que cada vez que gana mi equipo tengo una alegría?
Dios: Es verdad. Pero una cosa es la alegría y otra muy distinta es la felicidad.
Miguel: No entiendo. Cuando haces esas distinciones, no entiendo. ¿Cómo que es distinto?
Dios: Claro. La felicidad es el resultado de estar en paz con vos mismo y con los demás, y eso se traduce en una armonía interior que se contagia.
Miguel: ¿Y eso cuándo lo lograré?
Dios: Cuando estés enteramente de mi lado. Y aún no lo estás.
Miguel:…………..Pensando.