Regalito de Natividad
de José Miguel Toro
Introducción
-Una vez más nos encontramos en este lugar virtual, con la excusa de formarnos en Teología, pero esta vez abordando el tema del título.
-Tengamos en cuenta que estos apuntes son interactivos, entre vos y yo, es decir, te planteo una cita Bíblica con una consigna y vos vas a la Sagrada Escritura y buscas el tema. Esto es solo una guía que debe ser complementada por los textos y la explicación que se va sugiriendo durante el desarrollo de la temática.
-El objetivo? Aprender Teología Bíblica y el manejo de las Sagradas Escrituras. Y porqué esta forma o metodología de abordar un tema teológico? Sencillamente porque para hacer Teología debemos partir de las Sagradas Escrituras para poder ver la realidad desde Dios o con los ojos que la mira Dios.
-Quiero aprovechar la oportunidad, para desear a todos los participantes que el año que comienza esté colmado de bendiciones y donde se puedan cumplir los proyectos personales y familiares de cada uno. La Gracia, qué es eso?
-Si queremos enterarnos de buena fuente, de qué se trata este tema, debemos preguntarle al que sabe. Y entre los que saben encontramos en la Sagrada Biblia, a San Pablo en su Carta dirigida a los Cristianos de Roma les dice en 3,21-26.
-Allí habla de la Gracia y ésta es un cierto efecto de la Voluntad gratuita de Dios.
-Es decir, el hombre es ayudado por la voluntad gratuita, libre, es decir sin condicionamientos y sin interés personal de parte de Dios, según que algún don o regalo habitual es infundido o derramado por Dios en el alma de una persona. Dicen los Teólogos, que es una cualidad, es decir, algo que le es dado y que no forma parte del alma, sino que es recibido en ella.
-Pero esta Gracia, que es una cualidad, no es una virtud, es decir que provoca o genera actos virtuosos, actos que están teñidos de amor, por ello es que ella es anterior a las virtudes, es decir, por la Gracia puedo lograr las virtudes.
-La Gracia reside, es decir, tiene su casa, en el alma, pero solo en el alma de las personas. Solo una persona puede recibir la Gracia de Dios, pero no de forma invasiva, sino que debemos solicitarla, debemos está dispuesto a que ella ingrese en nosotros. Dios es muy respetuoso de las personas, no ingresa en nuestra alma, si nosotros no se lo permitimos. Por ello no es invasivo. Qué produce ese don gratuito que vive en el alma?
-Continuando con la consulta a la Carta que San Pablo escribe a los Cristianos de Roma, en el cap. 6,8-11. Vemos que indica que la Gracia del Espíritu Santo, que es Dios, tiene el poder de hacernos santos, es decir, de santificarnos o de lavarnos o de limpiarnos de todos nuestros pecados. Ello es, andando dos caminos, por un lado, por la Fe (Rm.3,22) , y por el otro, por el Bautismo (Rm.6,3-4). -Por la Fe, acepto como verdadero lo que Dios me propone, acepto como verdadero lo que Jesucristo me propone y a la vez acepto que Jesucristo es Dios. Por el Bautismo, ingreso oficialmente, formalmente a la Iglesia, que es el Pueblo de Dios. -Nos hace santos, no significa que cuando recibo la Gracia ya me van a canonizar, sino i.e. la Gracia me dispone, me prepara, me saca los obstáculos para comenzar a generar de mi parte y con la ayuda de Dios a realizar gestos, actos, conductas internas y externas correctas, es decir, coincidentes, adecuadas a la voluntad de Dios. Cómo se logra la limpieza de los pecados? -Los Teólogos analizando el pensamiento Bíblico señalan, que por el poder del Espíritu Santo, participamos en la Pasión de Jesucristo, muriendo al pecado, y en su Resurrección, naciendo a una vida nueva; nos convertimos en miembros de su cuerpo, que es la Iglesia, que es el Pueblo de Dios. Esta metamorfosis, este cambio radical, debería seguirse de un cambio progresivo de mentalidad, de forma de pensar, para que se manifieste en un cambio de conducta. Todo esto es un proceso en el que intervienen múltiples factores, entre otros, nuestra voluntad de cambiar, nuestro entorno, los ejemplos que recibimos, las amistades, la educación, etc. Y además al vivir en sociedad es necesario que los demás colaboren con gestos conductuales correctos, en particular cuando hay frente a nosotros niños y adolescentes, que esperan del adulto, es decir, de nosotros, ejemplos conductuales para poder imitarlos. Estoy diciendo que la responsabilidad es compartida porque somos seres sociales por naturaleza. -Creo que con motivo del cambio de año y anteriormente de la llegada a nuestros corazones de Jesucristo es una ocasión interesante como para considerar estas ideas vinculadas al aporte o no, que hacemos de ejemplo a los chicos y adolescentes en la comunidad. -Esta Gracia se manifiesta en actos concretos, dice el Evangelio de Mateo en su cap. 4,17, movido o impulsado por la Gracia, el hombre se vuelve a Dios y se aparta del pecado, recibiendo el perdón y el amor de Dios. -Acá estamos frente a una toma de decisión que nos lleva un tiempo, debido a que las implicancias son muchas. Esto es porque no solo tenemos que modificar nuestra manera de pensar con respecto a determinadas posturas personales, sino que tenemos que luchar a brazo partido con nuestras costumbres, que en algunos casos tienen años de perfeccionamiento y cambiarlas es toda una hazaña, porque surgen grandes argumentos personales para no cambiarlas. Como dije, no es fácil, porque es una pelea conmigo mismo, con mi manera de pensar y con mis hábitos o costumbres arraigadas. -Pero con la Gracia, se da la renovación interior de cada persona. Este movido, esta decisión de moverse o de cambiar, no es sola y exclusiva del Hombre, sino que es del hombre acompañado de Dios que siempre está atento a nuestras inquietudes. El está allí para acompañarnos en la decisión de cambio. Recordemos siempre, nada podemos hacer sin Dios, nada podemos hacer sin Dios, nada podemos hacer sin Dios, nada………
-Pero tengamos en cuenta, que ese don gratuito es el mismo Dios, ese regalo que no merecemos que se llama Gracia, es Dios mismo el que se nos regala por medio del Espíritu Santo, y viene a vivir en nuestra alma si nosotros lo dejamos, para curarla, para sanarla y hacer a la persona santa.
-Ya en la Creación, nos lo dice el Libro del Génesis, que cuando Dios decide crear al Hombre, por medio de un soplo, algo de su interior se metió en nosotros, y ese algo de su interior es el mismo Dios, que voluntariamente se metió en nuestro “corazón” para acompañarnos permanentemente, para no abandonarnos, aunque nosotros pensemos en ocasiones que trabajamos y nos debatimos solos, no es así, porque Dios está dentro nuestro. Lo que sucede, querido lector, es que si bien lo tenemos dentro de nuestro corazón, le tenemos prohibido actuar, somos como algunos jugadores de fútbol que en momentos que el partido está difícil y los goles no aparecen queremos hacer la personal, la individual y no logramos vencer.
-Esa Gracia, mi querido lector se llama Santificante, porque nos hace santos, es decir, nos limpia y nos predispone nos prepara a realizar cambios profundos en nuestro ser y la recibimos en el Bautismo, momento en el cual, siendo bebes o adultos, ingresamos públicamente, a la Iglesia, es decir, al Pueblo de Dios. Es el tipo de Gracia que el Evangelista San Juan en su Evangelio en el Cap.7,38-39 ; y el Apóstol San Pablo en su segunda carta dirigida a los Cristianos de Corinto en su cap. 5,17-18., nos quieren expresar.
-Y Porqué decimos el tipo de Gracia? Sencillamente, porque en la Teología se hacen distinciones en las que aquí no ingresaremos porque no están incluidas en el objetivo que he preparado para esta pequeña temática. Y ahora, cómo logramos alcanzar a tener Gracia?
-La Gracia, queridos amigos, no se logra con esfuerzo, con disciplina, sino que la preparación para recibirla es ya una Gracia, es decir, yo no puedo hacer nada solo, todo lo que hago, lo hago con la ayuda de Dios según adelanté. Dependemos totalmente de él. De allí que decimos que todo es Gracia. Debido a que Dios nos está dando permanentemente la vida, es que todo lo que hacemos lo hacemos acompañados de El, aún cuando decidimos y hacemos cosas en contra de lo que El quiere, es decir, el pecado. Dios permite el pecado, permite nuestro error, permite que hablemos mal de El, porque no es alguien que nos obliga, El nos invita, nos deja actuar libremente.
-San Agustín, un santo que vivió en el la mitad del S.IV y parte del V en el norte de África y en Roma, y que ha experimentado los efectos de la Gracia y por ello es el más autorizado para hablar de ella, nos dice en su obra sobre la Gracia Cap. 17, que Dios completó en nosotros lo que él mismo comenzó, diciendo: “porque él, por su acción, comienza haciendo que nosotros queramos; y termina cooperando con nuestra voluntad ya convertida”.
- San Agustín, sigue diciendo en otro lugar: “ciertamente nosotros trabajamos también, pero no hacemos más que trabajar con Dios que trabaja. Porque su misericordia se nos adelantó para que fuésemos curados; nos sigue todavía para que, una vez sanados, seamos vivificados; se nos adelanta para que seamos llamados, nos sigue para que seamos glorificados; se nos adelanta para que vivamos según la piedad, nos sigue para que vivamos por siempre con Dios, pues sin él no podemos hacer nada”. Y, en todo esto qué tenemos que hacer nosotros?
-San Agustín, el doctor de la Gracia, nos responde: “Si tú, refiriéndose a Dios, descansaste el día séptimo, al término de todas tus obras muy buenas, fue para decirnos por la voz de tu libro que al término de nuestras obras, que son muy buenas, por el hecho de que tú eres quien nos las ha dado, también nosotros en el sábado de la vida eterna descansaremos en ti Señor” Conf. 13,36,51.
-Ello quiere decir que si bien, como dijimos anteriormente, que Dios toma la iniciativa para todo, ello exige que de nuestra parte pongamos voluntad, que digamos SI, como lo hizo la Santísima Virgen en el momento de la Anunciación, hecha por el Ángel Gabriel. según leemos en el evangelio de San Lucas Cap.1,38).
-Este requerimiento se da porque si bien Dios nos creó a su imagen y semejanza, como dice el libro del Génesis en su cap. 1,26, eso quiere decir que tenemos capacidad para decidir, lo que está bien, por ello deja que elijamos, nos respeta, nos pregunta, no nos invade sin nuestro permiso. Por eso debemos responder a Dios con libertad, para que recibamos la Gracia.
-Dios apunta a nuestro corazón, y le susurra al oído para invitarlo a vivir una vida sobrenatural en esta tierra, en medio de estas circunstancias adversas que nos toca vivir. Pero esta vida sobrenatural, es un proceso, mi querido amigo, es un proceso, y como todo proceso tiene un desarrollo en el tiempo. Qué más nos posibilita este regalo que se nos da, que es la Gracia Divina?
-Este regalo, la Gracia, nos integra a la Iglesia, que como dije anteriormente es un Pueblo, como a un cuerpo organizado en el cual cada miembro integrante tiene una función propia y específica, siguiendo lo expresado por Lumen Gentium, decimos:
-“El Hijo de Dios, en la naturaleza humana unida a sí, redimió al hombre, venciendo la muerte con su muerte y resurrección, y lo transformó en una nueva criatura. Y a sus hermanos, congregados de entre todos los pueblos, los constituyó místicamente su cuerpo, comunicándoles su espíritu” L.G. n° 7
-En ese cuerpo, que es la Iglesia, la vida de Cristo se comunica a cada uno de los integrantes que somos los creyentes, quienes estamos unidos a Jesucristo paciente y glorioso por los distintos sacramentos, de un modo real. Por el Bautismo, nos configuramos en Cristo: porque como El, también todos nosotros hemos sido bautizados en un solo Espíritu, ya que en este sagrado rito se representa y realiza el consorcio con la muerte y resurrección de Cristo. Con El, Jesucristo, fuimos sepultados por el bautismo para participar de su muerte; más, si hemos sido injertados en El por la semejanza de su muerte, también lo seremos por la de su resurrección, alcanzando sus beneficios.
-Participando realmente del Cuerpo del Señor en la fracción del Pan Eucarístico, es decir, en la Santa Misa, somos elevados a una comunión con El y entre nosotros. Porque el pan es uno, formamos muchos un solo cuerpo, pues todos participamos de ese único pan. Así todos nosotros nos convertimos en miembros de ese Cuerpo y cada uno es miembro del otro.
-Y del mismo modo que todos los miembros del cuerpo humano, aún siendo muchos, formamos, no obstante, un solo cuerpo, así también los fieles en Cristo. Se da una multiplicidad de miembros integrantes en la unidad de un cuerpo.
-También en la constitución del cuerpo de Cristo está vigente no solo la diversidad de miembros, sino también, la de oficios. Uno solo es el Espíritu, que distribuye sus variados dones para el bien de la Iglesia según su riqueza y la diversidad de ministerios. Entre estos dones resalta la Gracia de los Apóstoles, a cuya autoridad el mismo Espíritu subordina incluso los carismáticos.
-El mismo Espíritu, que anima a este cuerpo que es la Iglesia, Pueblo de Dios, produce y urge la caridad entre los fieles integrantes, unificando el cuerpo de los miembros, no solo por pertenencia sino además, por las obras que estos fieles realizan en sus vidas cotidianas. Por consiguiente, si un miembro sufre, con él sufren todos los demás; o si un miembro es honrado, gozan conjuntamente los demás miembros si un miembro aporta, todos nos beneficiamos, si un miembro destruye, todos nos perjudicamos. No olvidemos, querido amigo, como dijo un gran filósofo griego, somos seres sociales, y ello hace que nuestras acciones en comunicad influyan en la comunidad, de manera positiva o negativa.
-La Cabeza de este cuerpo es Jesucristo. El es la imagen de Dios invisible, y en El fueron creadas todas las cosas. El es antes que todos, y todo subsiste en El. El es la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia. El es el principio, el primogénito de los muertos, de modo que tiene la primacía en todas las cosas. El que ha nacido en un pueblo expectante, es la Gracia que todos podemos recibir, El es el que está viniendo en esta noche, aprovechemos su llegada y no hagamos como indica el Evangelio de San Juan, refiriéndose a Jesucristo, la Palabra del Padre:”Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron”. Jn. 1,11
Con la grandeza de su poder domina los cielos y la tierra y con su eminente perfección y acción llena con las riquezas de su gloria todo el cuerpo. Este cuerpo que está formado, también por gran cantidad de integrantes angustiados, maltratados por las circunstancias, abandonados de los afectos, traicionado de los amigos, dejado de lado de los otros.
-Es necesario, mas no obligatorio, que todos los miembros se hagan conformes a El, hasta el extremo de que Cristo quede formado en ellos. Estoy hablando de un seguimiento no de una imitación externa, hablo de un seguimiento de vida, de un cambio de mentalidad que se traducirá en actos cotidianos distintos. Por eso somos incorporados a los misterios de su vida, configurados con El, muertos y resucitados con El, hasta que con El reinemos. Caminando todavía sobre la tierra, siguiendo de cerca sus pasos en la tribulación y en la persecución, nos hacemos socios de sus dolores como el cuerpo a la cabeza, padeciendo con El a fin de ser glorificados con El.
-Por El todo el cuerpo, que es la Iglesia, alimentado y trabado por las coyunturas y ligamentos, crece en aumento divino. Jesucristo, mismo conforta constantemente su cuerpo, que es la Iglesia, con los dones de los ministerios, por los cuales, con la virtud derivada de El, nos prestamos mutuamente los servicios para la salvación, mediante los ejemplos de vida, mediante los consejos, mediante la oración por el otro, mediante la compañía en los momentos de soledad, mediante la participación en la Eucaristía, mediante la participación en el Sacramento de la Reconciliación, de modo que, viviendo la verdad en caridad, crezcamos por todos los medios en El, que es nuestra Cabeza.
-Y para que nos renováramos incesantemente en El, nos concedió participar de su Espíritu, quien, siendo uno solo en la Cabeza y en los miembros, de tal modo anima y da vida a todo el cuerpo, lo une y lo mueve, que su oficio pudo ser comparado por los Santos Padres con la función que ejerce el principio de vida o el alma en el cuerpo humano. Este Espíritu, constantemente, pronuncia al oído de la Iglesia la palabra, Jesucristo, Jesucristo.
-Jesucristo, en verdad, ama a la Iglesia como a su esposa, convirtiéndose en ejemplo del marido, que ama a su esposa como a su cuerpo. A su vez, la Iglesia le está sometida como a su Cabeza. Porque en El habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad, colma de bienes divinos a la Iglesia, que es su cuerpo y su plenitud, para que ella tienda y consiga toda la plenitud de Dios”. (L.G. n° 7).
-Pero también, queridos amigos, nos permite desarrollar una tarea evangelizadora y hasta misionera colaborando con el mismo Dios a difundir la oportunidad de salvación que nos trajo a todos. Y que todavía hay millones de personas que no se enteraron y que viven al lado de nuestras casas, son nuestros vecinos, pero no hablo de noticia, porque las noticias están por todos lados, hablo del efecto que produce la llegada de la Gracia no solo a la historia sino la llegada de la Gracia al corazón del hombre del siglo XXI.
-Esta tarea la hacemos por medio de las Gracias Sacramentales, que son las Gracias que derivan de cada uno de los Sacramentos. También recibimos las Gracias especiales, todas para mayor difusión de esta Buena Nueva.
“El Pueblo Santo de Dios participa también de la función profética de Cristo, difundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad y ofreciendo a Dios el sacrificio de alabanza, que es fruto de los labios que confiesan su nombre. La totalidad de los fieles, que tienen la unción del Santo, no puede equivocarse cuando cree, y esta prerrogativa peculiar suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo cuando desde los Obispos hasta los últimos fieles laicos presta su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres. Con este sentido de la fe, que el Espíritu de verdad suscita y mantiene, el Pueblo de Dios se adhiere indefectiblemente a la fe confiada de una vez y para siempre a los santos, penetra más profundamente en ella con juicio certero y le da más plena aplicación en la vida, guiado en todo por el sagrado Magisterio, sometiéndose al cual no acepta ya una palabra de hombres, sino la verdadera palabra de Dios.
-Además, el mismo Espíritu Santo no solo santifica y dirige el Pueblo de Dios mediante los sacramentos y los misterios y le adorna con virtudes, sino que también distribuye Gracias Especiales entre los fieles de cualquier condición, distribuyendo a cada uno según quiere, sus dones, con los que les hace aptos y prontos para la renovación y la mayor edificación de la Iglesia, según aquellas palabras: A cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad de la sociedad, porque cada uno tenemos una tarea a realizar, pero esa tarea no la realizamos solos, la realizamos con la compañía de Jesucristo.
-Estos carismas, tanto los extraordinarios como los más comunes y difundidos, deben ser recibidos con gratitud y consuelo, porque son muy adecuados y útiles a las necesidades de la Iglesia. Los dones extraordinarios no deben pedirse temerariamente ni hay que esperar de ellos con presunción los frutos del trabajo apostólico. Y, además, el juicio de su autenticidad y de su ejercicio razonable pertenece a quienes tienen la autoridad en la Iglesia, a los cuales compete ante todo no sofocar el Espíritu, sino probarlo todo y retener lo que es bueno.”(L.G.n°12)
-Todos estos están orientados a la santificación o purificación de cada una de las personas, que para ello vino Jesucristo una noche como lo es Nochebuena y lo hizo para quedarse y acompañarnos permanentemente en cada una de nuestras acciones cotidianas.
-También encontramos que cada uno de nosotros, como parte de la Iglesia, el Cuerpo Místico de Jesucristo, tiene tareas específicas que derivan de su condición, ellas se llaman Gracias de Estado. Rm.12,6-8. Pero cómo sabemos que estamos en estado de Gracia?
-El catecismo de la Iglesia Católica, al cual hemos consultado para este trabajo, nos dice que no tenemos una experiencia de la Gracia, que no sentimos que estamos en estado de Gracia, sino que a la Gracia la conocemos por Fe. No es una sensación como el tener frió o estar cansado anímicamente.
Ya el Señor dijo (Mt. 7,20), que por mis obras me conocerán. Los actos de las personas son lo que muestra lo que realmente es cada uno. No hablo de palabras, hablo de actitudes, tanto mentales como de conductas externas. En este sentido, Juana de Arco, tiene la siguiente respuesta para los clérigos que la estaban enjuiciando, cuando le preguntan acerca de cómo sabía que estaba en Gracia de Dios, ella responde:”si no lo estoy, que Dios me quiera poner en ella; si lo estoy, que Dios me quiera conservar en ella.”
Hasta la próxima
Con esta charla acerca de la Gracia, queridos amigos, he pretendido hacer un aporte, llamando a tomar conciencia, ya que a mi humilde entender estas fiestas han quedado para muchos de nosotros, los argentinos, vacías de contenido, es un invitación a la reflexión en la cual hemos ingresado en un tema fundamental y verdaderamente amplio, sin dejar de tener presente que hemos abordado una pequeñísima parte de él. Saludos y Muchas Felicidades para todos.
José Miguel Toro
Prof. en Teología – Bachiller Universitario en Teología
Prof. en Filosofía – Prof. en Cs. De la Educación
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