La Iglesia, el Pueblo de Dios.

Muchas veces escuchamos hablar de Iglesia y pensamos en nuestras mentes a la Iglesia católica, y dentro de ese concepto a la jerarquía de la misma.   Esa sola imagen ya nos trae a la memoria imágenes, producto de experiencias propias, algunas buenas y otras no tanto.

Pero muy pocas veces nos han explicado qué dice o qué significa originariamente esa palabra o término, muy pocas veces hemos tenido la oportunidad de escuchar que significa la misma. Esa palabra significa “convocación”, llamado con otros, o llamado junto a otros. Pero, ¿llamados a qué?, ¿ llamados para qué?

Llamados a formar una “asamblea”. Entonces, como somos curiosos por naturaleza, nos preguntamos, ¿quién nos llama a formar una asamblea?, y la respuesta la podemos encontrar en las Sagradas Escrituras, comenzando con una primera respuesta, en el libro del Génesis, Cap. 12, Dios (Yahvé): dijo a Abrán, “vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré, de ti haré una gran nación y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre; y sé tú una bendición” (Gen. 12,1-2)

En este pasaje hay un llamado de parte de Yahvé Dios a un hombre  para que el mismo cumpla una tarea, la de fundar una gran nación, y además, el ser un símbolo de la presencia de Dios entre los hombres, a tal punto que será una bendición. Esto es que Dios estará entre nosotros en este hombre, de carne y hueso, entonces diremos, es prefigura de Jesucristo. Así podremos decir que este Dios sabe que nosotros los hombres necesitamos para poder entender, elementos que sean sensibles, visibles, audibles, etc. Y un hombre que representa a Dios o que tiene una comunicación privilegiada con él, es lo que la humanidad siempre ha tenido en las distintas culturas. Es decir, un canal de comunicación con la divinidad, pero ese canal tiene residencia entre nosotros, vive entre nosotros, de ese modo el pueblo puede expresar directamente sus deseos a Dios con la seguridad que el canal de comunicación no solo es efectivo, sino que es capaz de expresar a Dios todo lo que realmente queremos transmitir, sencillamente porque ese canal también está experimentando lo que nosotros experimentamos, es decir, es capaz de comprendernos y eso es lo que transmite a Dios.

Pero si seguimos en la búsqueda bíblica de elementos que indiquen a la Iglesia, mejor dicho a este llamado, encontramos en el libro del Exodo, en el Cap. 3, a Dios  frente a su pueblo, un pueblo elegido por El mismo, en la persona de un guía espiritual, llamado Moisés, hombre también convocado por Dios, en un momento en el cual  cuidaba el rebaño de ovejas de su suegro, por el desierto, cuando se le apareció el Angel de Dios en medio de una zarza. Moisés veía que la zarza ardía pero que no se consumía, al ver el fenómeno más de cerca, pudo escuchar una voz que le decía: “¡Moisés, Moisés!. El respondió: heme aquí “, para luego escuchar la voz que le decía: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”, luego esta voz de Dios siguió diciendo: ” He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto, he escuchado el clamor  ante sus opresores y conozco sus sufrimientos. He bajado para liberarlos de la mano de los Egipcios y para subirlo de esta tierra a una tierra buena y espaciosa” ( Cfr. Ex. 3,7-8)

Podemos ver  la respuesta a nuestra pregunta sobre quién nos ha llamado. Es Dios, es el que toma la iniciativa, el que toma la decisión en primer lugar y lo hace a través de un hombre, según los ejemplos vistos, en un caso es Abrahán y  en otro es Moisés, y hay muchos más que en diversos momentos son llamados por Dios. El nos llama a formar una asamblea. Ahora, ¿ con qué finalidad, Dios nos quiere reunir?, ¿Con qué objetivo Dios nos quiere convocar?

A esta pregunta el Concilio Vaticano II, en su Constitución Dogmática, sobre la Iglesia de 1994, que se llama Lumen Gentium, responde a esta pregunta diciendo en su n° 2: “El Padre Eterno ….decretó elevar a los hombres a participar de la vida divina, y como ellos hubieran pecado en Adán, no los abandonó, antes bien les dispensó siempre los auxilios para la salvación ….” (L.G. n° 2), como lo hizo con anterioridad y teniendo en cuenta que nosotros los hombres conocemos por los sentidos, es decir, nos movemos por lo que vemos o por lo que tocamos, o por lo que escuchamos,  este Dios nos visita para salvarnos por medio de un hombre que nos habla en nuestro propio idioma, que vive como vivimos nosotros, que tiene nuestros mismos códigos culturales, tal como los fueron Moisés y anteriormente Abrahán, entre otros, decía nos visita en persona de su Hijo Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

Este Jesucristo tendrá la tarea que la Iglesia mencionaba en el texto de Lumen Gentium, “elevar a los hombres a participar de la vida divina”, pero lo hará siguiendo un plan tal lo explicado en el Evangelio de Lucas cap. 4: “El Espíritu del Señor sobre mí porque me ha enviado a proclamar a los pobres la Buena Noticia, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” ( Lc. 4,18-19). Como vemos esta salvación proclamada por Jesucristo, llega a cada uno de nosotros en nuestra condición particular. Entonces, será una oportunidad que todos tendremos, de poder volver a estar con Dios, como lo había sido cuando Adán y Eva, al principio, según reza el libro del Génesis, Creó, pues, Dios, al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra lo creo. Y los bendijo Dios con estas palabras: “Sed fecundos y multiplicaos, y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves del cielo y en todo animal que repta sobre la tierra” continuó Dios indicando que todo lo que le daba al hombre y terminó diciendo que todo cuanto había hecho estaba bien ( Cfr. Gn. 1,27-31)

Este Dios nos quiere tener a su lado, pero la forma que usa no tiene  que ver con la violencia, con la fuerza, o con anular nuestra libertad en la decisión. Dios necesita que elijamos libremente seguirlo o bien, no seguirlo porque de la decisión que tomemos se derivan consecuencias y esas consecuencias, las debemos afrontar nosotros. ¿Qué quiero decir con consecuencias?. ¿A qué tipo de consecuencias me estoy refiriendo?. Son las consecuencias derivadas de un estilo de vida determinado, de una determinada forma de pensar, de una determinada mentalidad. Cuantas veces escuchamos criticar u observar críticamente a una persona por su forma de vida que es distinta a la nuestra, por tener hábitos distintos a los nuestros.    

En la Iglesia, la asamblea del Pueblo de Dios, es necesario tener una forma de vida o una mentalidad determinada que se caracteriza por la Caridad, y se expresa en la Misericordia, según se ve en el evangelio de Lucas, cuando  leemos: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados” (Lc. 6,36-37), y en este estilo de vida, o esta mentalidad todos sabemos que no es fácil vivir. Por todo esto es que Dios nos pregunta, o nos invita  permanentemente, ¿quieres seguirme?, pero esto no lo hace a alguien que está solo y aislado, sino que lo hace al alguien en cuanto está inserto en una comunidad, en una cultura determinada, en un tiempo determinado, por medio de esa comunidad y en los códigos de esa cultura determinada.

Entonces la Iglesia, es esa comunidad en la cual Dios nos llama a seguirlo indicando que se debe hacer una elección absolutamente libre y personal y que ella tendrá consecuencias  si se quiere sociales, es decir, en nuestra vida cotidiana en relación con los otros. Pero Dios no nos abandona, él siempre está con nosotros, solo debemos invocarlo o pedirle que nos ayude.

Publicada on 3 diciembre, 2007 at 2:36 am  Dejar un comentario  

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