- José Miguel Toro
Una mañana desperté bastante temprano, era domingo y era el único despierto en el barrio, debido a que el resto de la comunidad, a esa hora, descansaba apaciblemente.
Como todos los domingos salí a comprar el diario. Mientras iba de camino al kiosco, algo me llamó la atención, era un cielo limpio y luminoso. No tenía ninguna nube y la temperatura era agradable.
Levanté los ojos para detenerme en ese espectáculo que no sé si se repetía desde hace mucho tiempo, pero lo cierto, es que ese domingo me había llamado bastante la atención. No solo me detuve a contemplar ese cielo límpido, sino también y al mismo tiempo, comencé a darme cuenta de todo lo que rodeaba a ese cielo, era la naturaleza, y dentro de ella, estaba yo, que en ese momento, tomaba conciencia de la belleza que estaba delante mío. Todo eso tenía un sentido, no dejaba de manifestarme su belleza. Esa belleza había generado en mí una especie de asombro, no sé porque, pero estaba como atrapado por ese espectáculo.
Esa naturaleza tenía una forma de expresar su belleza que también repercutía en mi estado de ánimo. Me sentía realmente bien, me sentía pleno, aunque era el único vecino despierto por esas horas. No sentí angustias, no sentí dolores, sobre todo físicos, tengo más de 40 y a veces, y ante mi falta de ejercicios, el cuerpo me pasa factura, pero ese día no me pasó ninguna; sentía como una especie de armonía interior y, a la vez, con ese espectáculo.
Me pregunté porque estoy tan bien, porque me siento tan alegre. No logré ningún objetivo, no aprobé ninguna materia, no conquisté ninguna señorita, no ganó independiente, no me aumentaron el sueldo, no se porqué estoy tan bien. Pero lo cierto es que había tomado conciencia de la belleza de ese cielo y del conjunto de la naturaleza que lo rodeaba y eso repercutía en mi estado de ánimo porque me sentí y de hecho lo era, parte de ese maravilloso espectáculo.
Esa sensación, esa experiencia de bienestar despertó mi curiosidad, o mi interés, y me hizo preguntarme por el causante de ese fenómeno, por la inteligencia o el diseñador de ese cielo. Es evidentemente un talentoso diseñador y, además, muy inteligente, que supera a todos los que nos tiene acostumbrado la moda, el arte, etc. Es un diseñador que tiene la propiedad de hacerme sentir bien e integrante de ese gran espectáculo diseñado por El.
Tal fue el impacto que me senté en el banco de una plaza que estaba de camino, porque en ese momento no tenía prisa, me resultaba tan interesante lo que estaba mirando que mi objetivo, podía esperar un momento. No sé porqué no podía dejar de mirar el cielo. Y a medida que más lo miraba, más lo descubría y más pensaba en el diseñador.
Era un impacto que se presentaba como connatural a mí, por lo tanto no generando ninguna violencia, sino generando un desarrollo interior que viajaba hacia la plenitud consciente de estar lleno, satisfecho y poder manifestar ese estado en un, qué maravilla !!!, qué hermoso que es esto !!!!
Algo se movió dentro mío, algo se dobló dentro mío y en ese instante o en ese estado, surgió otra pregunta, ¿porqué lo diseñó así y no de otra forma?, ¿porqué lo diseño con esas características?. ¿Y Porque recién ahora yo descubro eso que hace millones de años que está allí y todas las mañanas lo veo y no me ha dicho nada, no me ha significado nada?.
Evidentemente, para mí era el momento de descubrir la presencia de alguien que había diseñado y puesto allí ese espectáculo, ese alguien, que no sé quién es, era el responsable no solo de haberlo diseñado, sino también, creo, de que yo esa mañana yo lo descubriera en su significado, esa mañana silenciosa, por demás tranquila en la que una tenue brisa acariciaba mi cara. Al levantar, como tantas mañanas la vista al cielo, esa mañana fue distinta, me hizo pensar, me hizo descubrir algo distinto, al punto que sentado en el banco de la plaza seguí mirándolo y descubriendo cosas, que hasta ayer no existían para mí, no tenían ningún sentido, eran cotidianas.
También, sentado en ese banco, pienso y veo que todo esto me quiere decir algo, no se qué, pero algo, porque ayer era un cielo más, y hoy es totalmente distinto, hoy tiene un significado que atrajo mi curiosidad, hoy hizo que me detuviera a contemplarlo.
¿Porqué será?. Ese golpe, ese darme cuenta, ese clic, hizo que cambiara mi mirada hacia el cielo, hizo que cortara con una mentalidad que hasta ayer era totalmente distinta. Una manera de pensar, en la cual el cielo era algo más que componía nuestro planeta, nuestro hábitat, pero sin un significado particular para mí.
Y no pasó nada extraordinario, solo levanté los ojos al cielo como todas las mañanas cuando voy a trabajar. Porque les cuento, queridos amigos, no sé si soy muy creyente, pero tengo la costumbre cada mañana, cuando voy de camino a tomar el tren, levanto los ojos al cielo y le pido a Dios que me acompañe, pero nunca el cielo me hizo sentar en el banco de una plaza para contemplarlo, se podría decir que el cielo nunca me llamó la atención. Será porque voy muy apurado, será porque voy pensando que tengo que hacer en la oficina, será porque no sé.
Ahora, si queremos ver este acontecimiento con ojos de un especialista en Teología, diría de un Teólogo, creo que me daría el pié necesario para decir algo sobre lo que se llama Revelación. De manera parecida, se da la Revelación, mi querido amigo, que no todos la tienen a la misma hora, y no todos la recibirán en su vida, y es tarea educativa de todos nosotros, en la Iglesia, que el Pueblo de Dios, de llevarla a cabo permanentemente. Esta tarea educativa, que se llama Misión o Evangelización, para que el mayor número de personas descubra y tome conciencia, que el cielo que hace millones de años que está allí no es obra del azar, ni de hombre alguno, sino que detrás de él hay una inteligencia, una Persona Inteligente.
Con esto no quiero decir que soy un iluminado, ni mucho menos, solo quiero describir un hecho que viví y que permitió que tomara conciencia de la existencia de algo y que siempre estuvo allí pero yo en mi vértigo diario no había descubierto o no me había llamado la atención. Este descubrimiento, me da la ocasión de explicar un concepto, La Revelación. Es un punto de partida, que necesita todo un proceso de cambio, y como todo proceso, lleva un tiempo, esto no es magia. Quiero insistir, la revelación de la forma que la Biblia la describe, como por ejemplo, se dio en Moisés, a nosotros dudo mucho que nos ocurra, pero sí que una vez y de pronto tomemos conciencia de la existencia de algo, como por ejemplo, este cielo, no tengo dudas que ocurre y muy frecuentemente a muchos de nosotros y cotidianamente, si no, no es posible explicar el cambio de vida, el cambio de mentalidad, el cambio en la manera de pensar que experimenta una persona en algún punto de su vida.
Queridos amigos, la Revelación es la mostración de Dios al hombre de alguna forma, es el darse a conocer, por ejemplo en la naturaleza, pero no es un darse a conocer que Dios está obligado a realizar, ni un darse a conocer que el hombre se gana por sus propios méritos. Es un darse a conocer que Dios realiza de una vez y para siempre, pero requiere, de parte del hombre, de cada uno de nosotros, una respuesta, un gesto, un tomar conciencia y una acción que vaya modificando la manera de pensar, un cambio en la mentalidad que genere un cambio de actitudes, un cambio que es un proceso, pero que no es fácil cambiar la manera de pensar, los criterios, en particular si llevamos más de 40 años especializándonos en todo lo contrario.
La Revelación de Dios, mi querido amigo, es un intento permanente que hace el mismo Dios para comunicarse con nosotros, es un intento a lo largo de la historia, por decirnos al oído o más bien al corazón, que es la sede de nuestras tendencias afectivas, que el único amor es El, que el camino correcto siempre lleva a El, que nuestros esfuerzos honestos terminen en EL. Es el intento permanente para señalarnos un camino que no es aparentemente correcto, sino que es real y verdaderamente correcto, para poder lograr nuestra propia realización personal que se manifestará en la Felicidad que todos de una u otra forma buscamos permanentemente.
La Revelación de Dios si Bien comienza en la libre decisión que Dios mismo tomó de darse a conocer al Hombre a lo largo de la Historia, necesita para que tenga un final positivo y completo, que nosotros los hombres y las mujeres de este tiempo, en particular, acostumbrados a una cotidianeidad vertiginosa, paremos, escuchemos, miremos y en definitiva hagamos un poco de silencio, tanto interior como exterior y de ese modo podremos oír nuestro nombre, que siempre se escucha en el silencio.
Y una vez escuchado, poder responder y de ese modo generar un diálogo y comunicarnos con Dios. La Revelación, querido amigo, si bien es un darse a conocer de Dios al Hombre se plenifica cuando el Hombre le responde a ese Dios que llama, que invita, y ¿para qué nos invita?. Nos invita a una realización personal y social, o mejor dicho, a una realización personal y en comunidad.
Podemos ver, por ejemplo, en todo el capítulo 3 del Libro del Génesis, a Moisés que en el silencio de una montaña, escucha a Dios que le habla, podemos, también, leer en la Biblia, en el mismo libro del Génesis, cap 12 que Dios le habla a Abraham, podemos ver a María en el Evangelio de Lucas, Cap. 1, que en el silencio, ella escucha al Ángel. Como vemos, Dios siempre habla, pero nosotros no siempre estamos en condiciones de escucharlo y menos de responderle.
La Revelación se da, siempre, en el Silencio. Fíjense, por ejemplo en la Noche de Reyes, en el silencio, Dios, por medio de su Ángel, se da a conocer a los pastores que apaciblemente cuidan sus ovejas en la tranquilidad de la noche, en el silencio de un pesebre, se muestra al mundo en el marco de la historia y no es un fantasma ni una ilusión. Es una realidad, que hasta los sabios de la época, lo vienen a visitar. Es Dios que nos visita en la historia, en una cultura concreta, en una geografía concreta y eso reconocen los sabios que están acostumbrados a conocimientos comprobables.
Ahora, y avanzando un poco, ¿qué otra cosa es lo más difícil de cambiar?, si no nuestra mentalidad, nuestra manera de pensar, sobre todo cuando algunos de nosotros que ya tenemos los 25 y algo más cumplidos. Esto es debido a que a mayor cantidad de años, nuestra manera de ver las cosas no es tan inocente, tan plástica, tan permeable, no somos tan cándidos, como cuando éramos adolescente o niños, ahora somos más calculadores, somos más racionalistas, somos más duros de entender las cosas que no podemos descifrar, ahora buscamos evidencias empíricas, queremos ver, para empezar a aceptar, queremos tocar, para empezar a creer, querido amigo. Ya no nos convencen así nomás, y no es porque seamos menos inteligentes, sino porque la vida nos hizo duros de corazón y calculadores para muchas cosas, y a veces, lo somos tan en demasía, que termina perjudicándonos.
Como dijeran los Teólogos, la Revelación de Dios se da al hombre por medio de un proceso permanente, que como todo proceso tiene un punto de partida y un punto de llegada. El punto de partida se da cuando uno por alguna circunstancia experimenta un cambio, un tomar conciencia, que algo nuevo para nosotros está allí, y ese algo nuevo, siempre estuvo allí, pero nosotros recién en determinado momento lo descubrimos. Dios siempre estuvo al lado del hombre, y más que al lado, diría con San Agustín de Hipona, Dios está dentro nuestro, pero como el mismo Santo lo indica, tarde te descubrí y tarde te amé. Nosotros también, a veces tarde lo descubrimos y tarde comenzamos a escucharlo y a amarlo, al que siempre estuvo dentro nuestro, afuera nuestro, al lado nuestro, que camina detrás nuestro y delante nuestro.
Gracias por leer y pensar este texto.
José Miguel Toro
Prof. en Teología
Bachiller Universitario de Sagrada TeologíaArgentina